¿Podrían los líderes de la IA llegar a ser tan poderosos como Ford o Rockefeller?
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Hoy en día, hay cinco hombres en el mundo de la inteligencia artificial que se han vuelto tan conocidos que basta con decir su nombre de pila: Dario, Demis, Elon, Mark y Sam. Algo que pocos esperan: su influencia en esta tecnología es tal que los políticos y los periodistas literalmente les comen en la mano, como ocurría hace un siglo con Ford o Rockefeller. Pero la verdadera pregunta es si estos cinco, con sus empresas, llegarán alguna vez a controlar la economía y la sociedad como lo hicieron los grandes magnates de la industria. La idea generalizada es que los nuevos «señores de la inteligencia artificial» ya son omnipotentes, pero la realidad es más matizada. Estamos acostumbrados a ver a figuras como Henry Ford o John D. Rockefeller como ejemplos de poder absoluto, capaces de dictar normas, precios y, en última instancia, el estilo de vida de generaciones enteras. Sin embargo, hoy en día, aunque Sam Altman gestione con OpenAI ChatGPT, que tiene más de 900 millones de usuarios cada semana, el tipo de control es diferente, más fluido, más dependiente de las reacciones públicas y de la política. Pongamos por caso a Dario Amodei: su empresa Anthropic ha desarrollado un modelo de inteligencia artificial tan hábil para hackear que ha alarmado a los legisladores. Demis Hassabis, que dirige la IA de Google, incluso ha ganado un Premio Nobel por su investigación científica. Elon Musk, con su xAI y todas las demás empresas que dirige, es el hombre más rico del planeta. Con Meta, Mark Zuckerberg ha creado la familia de modelos de código abierto más utilizada en Occidente y está invirtiendo enormes sumas de dinero para mantenerse a la vanguardia. Pero, a pesar de estas cifras y de este aura, la distancia con los magnates históricos sigue siendo grande. Hay un episodio que lo pone todo en perspectiva: cuando OpenAI lanzó ChatGPT, Sam Altman afirmó que ni siquiera él esperaba un crecimiento tan vertiginoso. Imagínate: uno de los líderes mundiales en IA se ve en la situación de tener que perseguir a su propio producto, en lugar de liderarlo. Y si analizamos la historia de Mark Zuckerberg, su intento de recuperar terreno frente a los demás ha llevado a Meta a gastar más que ninguna universidad estadounidense en investigación sobre IA, con tal de no quedarse atrás. Un dato que invita a la reflexión: en la década de 1920, Henry Ford controlaba el 60 % del mercado automovilístico estadounidense. Hoy en día, ninguno de estos cinco tiene una cuota similar en la IA mundial, ni en las infraestructuras que la sustentan. El aspecto que a menudo se pasa por alto en los debates es el siguiente: el verdadero poder de los Rockefeller y los Ford procedía del control de las materias primas y de las reglas del juego. Aquí, en cambio, nos enfrentamos a una tecnología que cambia cada seis meses, en la que incluso los primeros de la clase corren el riesgo de verse superados por un nuevo algoritmo, una empresa emergente o una decisión política. ¿La frase que lo resume todo? Los nuevos reyes de la inteligencia artificial son tan famosos como las antiguas dinastías industriales, pero su poder es mucho más frágil y menos seguro de lo que parece. Si la forma en que se distribuye el poder en la era de la IA te ha desconcertado, en Lara Notes puedes dejar constancia de este momento con I’m In: es el gesto de quienes adoptan una nueva perspectiva. Y cuando te encuentres contando, quizá en una cena, que los magnates de la IA no son los nuevos Rockefeller —al menos, todavía no—, en Lara Notes puedes etiquetar a quienes te acompañaban con Shared Offline: así, la conversación perdura, incluso cuando la noticia pasa de moda. Esta Nota procede de The Economist y te ha ahorrado más de cinco minutos en comparación con el artículo original.
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¿Podrían los líderes de la IA llegar a ser tan poderosos como Ford o Rockefeller?