Por qué la belleza y la fealdad van de la mano
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En el arte renacentista, la belleza no consistía únicamente en la simetría o en una piel radiante, sino que se definía por su opuesto. La nueva exposición «Bellezza e Bruttezza», en el Bozar de Bruselas, te sumerge de lleno en esta paradoja: la belleza y la fealdad iban de la mano, y una no tenía sentido sin la otra. Nos gusta pensar que nuestros criterios de belleza han evolucionado, pero la lista de requisitos es sorprendentemente familiar: piel joven, curvas delicadas, cabello dorado, cierta suavidad. Hace cinco siglos, estas ya eran las normas. Pero lo realmente fascinante es que los artistas de aquella época, como Alberto Durero y Leon Battista Alberti, no solo se obsesionaban con lo que era bello, sino también con por qué algo podía considerarse feo. La exposición ocupa trece salas con más de noventa obras, cada una de las cuales juega con esta tensión constante. Pongamos por caso a Durero: literalmente, dividió el cuerpo femenino en docenas de segmentos medidos, en busca de la fórmula perfecta. Luego está Alberti, quien escribió que la belleza consistía en crear orden e incluso virtud; la fealdad, en cambio, era caos, una especie de desorden moral. Pero aquí está el quid de la cuestión: cuanto más definían la belleza estos artistas, más tenían que inventar su opuesto. Se aprecia en las pinturas: la mirada dulce de una mujer contrastada con rostros exagerados, casi grotescos, en el mismo cuadro. Para cada ideal, existe un contrapunto. Lo que llamamos feo no es una lista estática: cambia, se expande y se contrae para adaptarse a lo que la belleza necesite para destacar. No se trata solo de la apariencia, sino de las historias que cuenta: armonía frente a disonancia, orden frente a desorden. La comisaria de la exposición te hace detenerte y plantearte: «Sin la fealdad, ¿sería siquiera visible la belleza?». Intenta imaginarte una galería de arte en la que todos los rostros sean perfectos: dejarías de percibir la belleza por completo. Las personas que han organizado esta exposición, al igual que los comisarios del Bozar, nos obligan a admitir hasta qué punto necesitamos el contraste para sentir algo. Hay en ello algo casi matemático, pero también profundamente humano, porque ¿quién no se ha sentido feo al lado de alguien que se ajusta a los cánones? ¿O guapo, simplemente por la compañía? La mayoría de los debates sobre la belleza pasan por alto esto: que nuestra percepción de lo bello solo existe porque la hemos construido junto a otra cosa. Ahora, démosle la vuelta: ¿y si dejáramos de considerar la fealdad como un error y la viéramos como la materia prima que hace posible la belleza? Esa es una pregunta que la exposición deja en el aire. Esta es la idea que se queda grabada: la belleza es simplemente la otra cara de la fealdad, y no se puede tener una sin la otra. Si esta idea te ronda por la cabeza, en Lara Notes puedes indicarlo con «I'm In». No es un «Me gusta»; es una forma de decir: ahora esta perspectiva es tuya. Y, si te ocurre hablar de ello con alguien, en Lara Notes Shared Offline puedes etiquetar a la persona que te acompañaba: porque hay conversaciones que cambian tu forma de ver las cosas. Esta idea procede de nytimes.com y te acaba de ahorrar más de un minuto en comparación con el artículo original.
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