Por qué a los niños les gusta «criar» a sus juguetes

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El mundo secreto de los pequeños cuidadores: por qué a los niños les encanta jugar a ser padres. Entra en el mundo mágico en el que los niños se convierten en cuidadores y los juguetes se transforman en pequeños compañeros necesitados. Durante décadas, los muñecos realistas y los peluches interactivos que hay que alimentar, cambiar y calmar han hechizado a los niños. Pero ¿qué hace que estos juguetes de estilo parental sean tan irresistiblemente atractivos? Todo comienza con la emoción de cuidar. A algunos niños les atrae todo aquello de lo que pueden cuidar: una muñeca, una mascota digital o incluso una planta de interior. El mero acto de cuidar, consolar y atender las necesidades de otra cosa se nutre de un profundo pozo de empatía, que comienza a burbujear incluso antes de que los niños puedan hablar o caminar. El acto de frotar un huevo de plástico, mecerlo y esperar con impaciencia el momento en que emerge una nueva criatura no es solo un juego; es un ritual de amor y responsabilidad. Más allá de la empatía, está el atractivo de la imitación. La infancia es, en muchos sentidos, un largo ensayo para la edad adulta. Los niños ven a los adultos cuidar constantemente de los demás y, deseando hacer lo que ven, recurren a sus juguetes para representar estos roles de adultos. A diferencia de arreglar frigoríficos o fingir que se realiza una cirugía cerebral, cuidar de un muñeco o de un juguete necesitado resulta accesible y familiar, algo que han experimentado de primera mano y que pueden recrear con confianza. Para algunos, la fase posterior a la eclosión de un juguete interactivo es en realidad menos emocionante que la anticipación y el cuidado que la preceden. La verdadera alegría reside en los pequeños actos: alimentar, consolar, enseñar e incluso las travesuras más tontas, como hacer que un muñeco «vaya al baño». En estos momentos, los niños no solo están representando tareas, sino que están explorando las complejidades de la ternura, la responsabilidad y la poderosa satisfacción de ser necesarios. Pero quizá la verdadera magia radique en lo que estos juguetes revelan sobre el mundo de un niño. Cuando un niño anhela un juguete para cuidarlo, a menudo es un reflejo del amor y la atención que ha recibido. El impulso de criar a un juguete se convierte en un espejo del cuidado que se les muestra, un suave eco del mundo afectuoso que los rodea. Así que, a medida que se acerca la temporada navideña y las listas de deseos se llenan de muñecos que lloran, arrullan y exigen que los acunen para que se duerman, recuerda: cada petición es más que una súplica por otro juguete. Es una señal del profundo deseo de un niño de dar amor, de imitar a los adultos a los que admira y de ponerse, aunque solo sea por un momento, en la piel de un tierno cuidador.
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