Responsable de Crecimiento (Anthropic): «En este momento, Claude se está desarrollando por sí sola».
Englishto
Imagina una empresa que crece tan rápido que sus empleados han dejado de mirar los gráficos lineales: ahora, las cifras solo suben en escala logarítmica, porque los progresos «normales» ya no existen. Anthropic, la empresa detrás de Claude, ha pasado de 1 000 a 19 000 millones de dólares de ingresos anuales en tan solo 14 meses. En comparación, este salto hace que Atlassian, Palantir y Snowflake —todas ellas empresas con más de 15 años de experiencia— parezcan caracoles: en pocos meses, Anthropic suma la facturación que estos gigantes tardan todo un año en generar. Pero la verdadera sorpresa no es tanto la rapidez con la que se obtienen los ingresos como la forma en que este crecimiento está cambiando todas las reglas del juego. Lo lógico sería pensar que una empresa así cuenta con un equipo de crecimiento descomunal, que se dedica a microoptimizaciones y a realizar tests A/B de forma obsesiva. Sin embargo, Amole Evasari, responsable de crecimiento y antiguo directivo de Masterclass y Mercury, afirma que el verdadero trabajo consiste en sobrevivir a los «desastres del éxito»: cuando todo crece demasiado rápido, el problema ya no es cómo captar usuarios, sino cómo evitar que la máquina explote. Gran parte de su tiempo no lo dedica a planificar, sino a apagar incendios provocados por el propio éxito. Y aquí llega la primera sacudida: el 70 % del trabajo del equipo de crecimiento consiste en gestionar las crisis derivadas del hipercrecimiento, saltando de una prioridad a otra, con una presión emocional que ningún gráfico verde puede transmitir. Solo queda un 30 % para el «pan de cada día» del oficio: la adquisición, la incorporación y la monetización. Pero ¿qué significa impulsar el crecimiento en una empresa en la que la propia IA empieza a tomar decisiones? Amole explica que han puesto en marcha una iniciativa interna denominada «CASH» (Claude Accelerates Sustainable Hypergrowth), en la que se utiliza a Claude para diseñar, probar e implementar experimentos de crecimiento. Al principio, los resultados eran modestos, comparables a los de un gestor de producto júnior. Pero la curva de aprendizaje es tan pronunciada que, semana tras semana, Claude es cada vez más capaz de sugerir y aplicar microcambios que generan valor real y, lo que es más importante, lo hace a una velocidad inalcanzable para cualquier equipo humano. Esto significa que el futuro del crecimiento ya no consiste únicamente en «mejorar la incorporación» o «redactar mejores textos», sino en orquestar una colaboración entre el ser humano y la máquina en la que la IA proponga, experimente, evalúe y, pronto, también pueda tomar decisiones autónomas a gran escala. Y aquí se invierte la regla de oro de las startups: en el caso de los productos en los que la IA es el elemento central, el crecimiento ya no se basa en pequeños ajustes, sino en apuestas enormes que pueden multiplicar el valor por mil en dos años. Amole lo dice sin tapujos: «Si el valor de tu producto procede principalmente de la IA, debes apostar a lo grande. Las microoptimizaciones son útiles, pero no desplazan la curva de forma significativa, porque el verdadero crecimiento es exponencial, no incremental». Otro aspecto crucial es la calidad de la incorporación. Desde Mercury hasta Masterclass, y ahora en Anthropic, Amole ha aprendido que añadir «fricción» —es decir, preguntas y pasos adicionales bien calibrados— puede aumentar la conversión y la activación, ya que ayuda al usuario a comprender de inmediato si el producto realmente está pensado para él. No se trata de acelerarlo todo, sino de guiar al usuario hacia lo que realmente importa. Y esta atención a la calidad, más que a la cantidad, suele resultar ser el verdadero motor del crecimiento sostenible. Pero atención: Anthropic no es una máquina de guerra que crece a cualquier precio. La misión de seguridad de la IA está incluso recogida en los estatutos de la empresa, gracias a la decisión de constituirse como PBC. Amole explica que, en varias ocasiones, la empresa ha ralentizado o cancelado lanzamientos por motivos de seguridad, incluso cuando la presión comercial era muy fuerte. En este caso, el principio es claro: es mejor dejar dinero sobre la mesa que traicionar la confianza de los usuarios o poner en peligro la misión. Y, paradójicamente, esta coherencia se convierte en una ventaja competitiva: cuando el riesgo aumenta, quienes demuestran que saben decir no ganan credibilidad y confianza a largo plazo. En el plano personal, la historia de Amole es aún más impactante. Antes de trabajar en Anthropic, tuvo que afrontar un doloroso fracaso empresarial: una startup que cerró al cabo de tres años, con la dificultad de explicar a los inversores por qué habían perdido su dinero. Y, sobre todo, sufrió un trauma físico devastador: una lesión cerebral que le obligó a volver a aprender a caminar y a trabajar durante nueve meses, con la incertidumbre constante de si podría volver a llevar una vida normal. Aprendió, en parte gracias a la meditación y a una disciplina férrea, que la verdadera libertad nace de las limitaciones: cuando te ves obligado a reducir la velocidad, a hacer pausas y a gestionar la vulnerabilidad, desarrollas una resiliencia que te permite afrontar incluso los ritmos frenéticos de una empresa como Anthropic sin perder la cabeza. Su mantra, aprendido en el dolor: «La verdadera libertad es aprender a ser feliz incluso cuando no consigues lo que quieres». Es una lección que vale tanto para una persona como para una empresa: la fuerza no reside en no tener límites, sino en saber transformarlos en decisiones lúcidas y bien orientadas. Hoy en día, Anthropic crece a una velocidad nunca vista, pero la verdadera diferencia radica en su cultura interna: una transparencia radical y canales de cuadernos personales en los que todos, incluidos los fundadores, hacen públicas sus dudas, sus prioridades e incluso sus desacuerdos. Nadie se siente como un simple engranaje; todos están llamados a debatir, a intercambiar opiniones y a cuestionar las decisiones de la dirección. Y esta energía, unida a una densidad de talento que Amole compara con la del Real Madrid, se convierte en el verdadero motor que ningún competidor puede replicar. Si pensabas que el crecimiento era solo cuestión de marketing agresivo o de que la IA hiciera el trabajo sucio, aquí tienes la verdadera revolución: el crecimiento exponencial se basa en una misión auténtica, en una cultura que acepta el riesgo de equivocarse y en la capacidad de dejar dinero sobre la mesa para no perder el rumbo. Las empresas que dominarán el futuro no serán las que lo hagan todo de inmediato, sino las que sepan elegir qué no hacer, y que estén dispuestas a reinventarse cada semana, desechando el 70 % de sus viejas costumbres. ¿La frase que lo resume todo? «La verdadera libertad es aprender a ser feliz incluso cuando no consigues lo que quieres». Si esta perspectiva te ha hecho ver el crecimiento de forma diferente, en Lara Notes puedes indicarlo con I'm In: es tu forma de decir que esta idea ahora forma parte de ti. Y si mañana les cuentas a otros hasta qué punto Anthropic ha crecido gracias a sus limitaciones —y no a pesar de ellas—, en Lara Notes puedes marcar la conversación con Shared Offline: porque las ideas que realmente cambian merecen que se las recuerde. Esta historia procede del pódcast de Lenny’s Podcast. Acabas de ahorrarte más de dos horas en comparación con el episodio original.
0shared

Responsable de Crecimiento (Anthropic): «En este momento, Claude se está desarrollando por sí sola».