Scrubs presenta, de forma astuta, una visión radical de la amistad masculina

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Cuando salió la nueva temporada de Scrubs, una escena dio la vuelta a las redes sociales: dos hombres, amigos desde siempre, sentados en la azotea del hospital donde trabajan, se preguntan si es demasiado raro llamarse cada noche para desearse buenas noches. Quien lo propone es J.D., el sensible de siempre. Turk lo interrumpe de inmediato, pero luego se lo replantea: «Tal vez una vez a la semana». Parece una broma, pero encierra algo más profundo. Y es que, en la cultura popular actual, ver a dos hombres hablar abiertamente de la soledad y del afecto mutuo sigue siendo casi revolucionario. La tesis es la siguiente: Scrubs no es solo una comedia médica, sino un manifiesto oculto sobre cómo podría ser la verdadera amistad entre hombres si dejáramos de avergonzarnos de ella. Estamos acostumbrados a pensar que, entre hombres, lo máximo es la complicidad en el vestuario, las burlas, unas cervezas y poco más. Scrubs lo pone todo patas arriba: aquí el afecto es explícito, las emociones están sobre la mesa y las escenas más memorables no son las conquistas amorosas, sino los bailes tontos y los abrazos entre J.D. y Turk. No se trata de un caso aislado: Zach Braff y Donald Faison, que los interpretan, también son amigos fuera del plató. Se conocieron hace veinte años y desde entonces no se han perdido de vista. Faison se casó en el jardín de Braff, y Braff es el padrino de dos de sus hijos. Su relación es tan estrecha que, a menudo, los guionistas de la serie se inspiraban en sus anécdotas reales para escribir nuevas escenas. Y esta química traspasa la pantalla: cuando Turk regresa de su luna de miel, deja a su esposa en la acera y corre a los brazos de J.D. gritando. Su esposa, suspirando, dice: «Quizá algún día también me quiera así a mí». Pero hay un dato que da aún más peso a todo esto: según un estudio del Pew Research Center, los hombres estadounidenses de hoy se sienten mucho más solos que hace veinte años. Hablan menos con sus amigos, se confían menos y pasan menos tiempo juntos que las mujeres. Y este aislamiento presenta curvas de crecimiento más pronunciadas precisamente entre los hombres jóvenes. Así pues, mientras los medios de comunicación buscan la «cura» para la soledad masculina —desde el «pickleball» hasta las 14 cervezas en Chili’s—, Scrubs responde con una propuesta radicalmente sencilla: el antídoto es decidir cada día estar realmente ahí para el otro, incluso cuando resulte incómodo, incluso cuando parezca demasiado. Sin embargo, la serie no finge que sea fácil. Hay un episodio en el que Turk y J.D. se pelean porque a uno le agobia la familia y el otro se siente solo y abandonado. No existe una solución mágica: hacen pequeños ajustes, intentan entenderse, se equivocan, vuelven a acercarse. Y luego está el lado incómodo: en la serie original, los guionistas a menudo se sentían obligados a dejar claro que entre ellos no había nada «gay», lo que demuestra hasta qué punto la cultura temía —y en parte sigue temiendo— la cercanía emocional entre hombres. «Para nosotros, no hay nada gay en todo esto», cantan en la canción «Amore da maschio». Además, en más de una escena, los chistes sobre las mujeres son claramente fruto de una mentalidad de los años 2000 que hoy resulta vergonzosa. El «reboot» reconoce que los tiempos han cambiado: la nueva responsable de bienestar, Sibby, les llama la atención cuando se pasan, y las normas del trabajo han cambiado. Pero no todo es perfecto: persisten algunas viejas dinámicas, como la tendencia a anteponer el sexo a la amistad en cualquier caso. Sin embargo, quizás sea precisamente esto lo que más impresiona: ver a dos hombres que no son héroes ni ejemplos de masculinidad ejemplar, sino que cada día eligen ser mejores amigos, apoyarse mutuamente y hablar de sus miedos. En una época en la que se busca una receta rápida para la soledad masculina, Scrubs sugiere que no existe un remedio universal. Solo existe el esfuerzo y la riqueza de un vínculo que se renueva cada día. La frase que queda es esta: el antídoto contra la soledad no es un partido de pádel, sino la decisión diaria de estar realmente el uno para el otro. Si la historia de J.D. y Turk te ha hecho ver la amistad masculina bajo una nueva luz, en Lara Notes puedes indicarlo con I’m In: es el gesto que dice «Esta visión me pertenece, no es solo algo que he escuchado». Y si te apetece contarle esta historia a alguien —tal vez a un amigo con el que has sido superficial durante demasiado tiempo—, en Lara Notes puedes etiquetarlo con Shared Offline: es la forma de decir que esa conversación os ha cambiado. Este artículo procede de The Atlantic y te ha ahorrado casi seis minutos en comparación con la lectura del artículo completo.
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Scrubs presenta, de forma astuta, una visión radical de la amistad masculina

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