Tan malas que son buenas: ¿por qué nos encantan las películas malas?

Englishto
El irresistible atractivo de las películas malas. Hay algo curiosamente cautivador en las películas que los críticos critican unánimemente y que el público declara que son desastres. Tomemos como ejemplo la nueva adaptación de La guerra de los mundos, muy criticada, en la que toda una invasión alienígena se desarrolla a través de la cámara web del portátil de un solo personaje. Las críticas han sido despiadadas, pero esta misma notoriedad transforma la película en un imán para los curiosos y los buscadores de emociones de la desventura cinematográfica. ¿Qué tienen estas películas «tan malas que son buenas» que nos atraen? Parte del atractivo radica en la magnitud de su fracaso: una puntuación mínima en los sitios de reseñas no repele, sino que intriga, sugiriendo una experiencia tan única, tan universalmente ridiculizada, que hay que verla para creerla. Para muchos, el atractivo es la oportunidad de presenciar un acuerdo colectivo sobre las deficiencias de una película, lo que estimula una especie de curiosidad inversa: ¿hasta qué punto puede ser mala? Pero la fascinación es aún más profunda. A diferencia de la pulida insipidez de muchos éxitos de taquilla olvidables, las películas terribles a menudo muestran una seriedad o una lucha visible entre bastidores. Ver a un actor reaccionar valientemente al caos fuera de la pantalla, o detectar soluciones creativas para las limitaciones presupuestarias, puede ser mucho más entretenido que ver el último espectáculo de acción formulado. La falta de pulido, las huellas visibles de la desesperación, revelan más sobre el proceso creativo que cualquier historia de éxito cuidadosamente elaborada. Algunas películas, como Samurai Cop o The Room, se han convertido en leyendas de culto, precisamente porque sus fallos son tan memorables y tan atrevidos. Sus intentos serios, sus fallos espectaculares y su hilaridad involuntaria invitan a verlas una y otra vez, a proyecciones en grupo e incluso a una burla cariñosa. Hay alegría en ver a un cineasta alcanzar la grandeza y fallar, mucho más que en ver a alguien simplemente pasar por los movimientos. Estas películas también ofrecen un tipo raro de experiencia comunitaria. El público se une a través de la risa compartida ante argumentos inverosímiles, una actuación de madera o efectos especiales desastrosos. Hay una sensación de descubrimiento: encontrar entretenimiento en lugares inesperados y deleitarse con el caos de la ambición creativa que se ha descarrilado. Mientras que las listas de las «peores películas jamás realizadas» siguen creciendo, cada nuevo desastre trae consigo el potencial de convertirse en el próximo favorito de culto. Ya sea un thriller plagado de clichés, un remake de terror que inspira confusión en lugar de miedo, o un drama sobrenatural que induce más al sueño que al suspense, estas catástrofes cinematográficas nos recuerdan que, a veces, el fracaso es mucho más interesante y agradable que la mediocridad.
0shared
Tan malas que son buenas: ¿por qué nos encantan las películas malas?

Tan malas que son buenas: ¿por qué nos encantan las películas malas?

I'll take...