Trombetti en Focus Europe: Europa ya no debe ser el árbitro de la IA, sino que debe convertirse en el juego
Italianto
Marco Trombetti, uno de los pioneros europeos de la inteligencia artificial, dice una frase que desconcierta: «La IA no es neutral, lleva dentro las intenciones de quienes la diseñan, la financian y la gobiernan». No es un detalle técnico: significa que detrás de cada algoritmo hay una visión, y si dejamos que esta visión la decidan solo unas pocas empresas de Estados Unidos o China, acabamos importando no solo tecnología, sino también valores, prioridades y reglas del juego. Estamos acostumbrados a pensar que Europa es el gran árbitro: nos imaginamos a Bruselas como la capital de las reglas, la que pone los límites y controla que nadie haga trampas. Sin embargo, Trombetti invierte la perspectiva: si seguimos regulando tecnologías nacidas en otros lugares, seguiremos siendo espectadores. La verdadera alternativa no es «menos IA», sino «más IA europea», construida sobre un modelo diferente, abierto, verificable y respetuoso con la persona. Marco Trombetti no es solo un directivo, es el fundador de Translated y ha pasado 26 años viendo cómo la IA cambia realmente el trabajo de miles de traductores. Cuenta que el verdadero riesgo no es solo perder puestos de trabajo, sino perder el sentido mismo de lo que hacemos. Dice: «Incluso cuando los salarios se triplican, si el trabajo se convierte en supervisar pasivamente una máquina, falta la gratificación». Un detalle que da que pensar: los traductores que pasan del arte de crear textos a corregir resultados automáticos se sienten vacíos, aunque ganen más. Y esto sucede en muchos sectores en los que entra la IA. Trombetti ve dos fases: al principio, la IA reduce los costes y elimina el trabajo humano; luego, si se usa bien, puede abrir nuevos mercados y oportunidades que antes no existían. Pero la pregunta clave no es «¿cuánto ahorramos?», sino «¿qué tipo de trabajo les queda a las personas?». De ahí la propuesta: una IA que libere de los automatismos, pero que deje espacio a la creatividad, al juicio y a la relación. Un punto que a menudo olvidamos es el impacto material de la IA. Trombetti es claro: detrás de cada respuesta de un chatbot hay centros de datos que consumen energía, agua y recursos naturales, y la carrera por la IA corre el riesgo de entrar en conflicto con los objetivos climáticos europeos. Pero, si se usa de forma inteligente, la IA también puede ayudar a gestionar mejor las redes eléctricas, optimizar el consumo, descubrir nuevos materiales y mejorar la investigación científica. La idea de construir en Groenlandia centros de datos alimentados por energía hidroeléctrica, diez veces más potentes y limpios que los estadounidenses, cambia el debate: no es solo una cuestión de normativas, sino de decisiones industriales y geográficas. Otro paso importante se refiere a la propuesta DVPS: superar la IA que solo produce texto y construir sistemas que interactúen con el mundo físico, desde la robótica hasta la producción industrial, desde la investigación científica hasta los servicios públicos. Aquí la responsabilidad se vuelve aún más central: si un algoritmo se equivoca en un texto, el daño es de imagen; si se equivoca en una acción real, las consecuencias pueden ser graves para la salud, el medioambiente y la seguridad. Trombetti enumera cinco cosas concretas que Europa debería hacer de inmediato: infraestructuras de cálculo accesibles para todos, datos de calidad gestionados con reglas claras, modelos abiertos, especialmente cuando la IA afecta a los derechos fundamentales, una demanda pública que impulse la calidad y la transparencia y, sobre todo, una métrica del éxito que no sea solo cuántas personas usan la IA, sino cuánto valor social produce. Aquí llega el punto realmente a contracorriente: Europa no debe ser el árbitro que pita después de que otros ya hayan marcado. Debe convertirse en el juego, es decir, dictar las reglas, invertir, arriesgarse y elegir la dirección. Y hay un detalle lingüístico que pesa: Europa es el único continente donde el pluralismo de las lenguas es un valor y un activo. Aprovecharlo significa construir una ciudad común, no una nueva torre de Babel. Pero se necesita valentía, no solo burocracia. Por lo general, nos preguntamos si Europa es demasiado lenta o demasiado reguladora para innovar. Aquí la perspectiva es diferente: precisamente su capacidad de regular, si va acompañada de inversiones y valentía política, puede convertirse en la ventaja competitiva. No debemos seguir los modelos de los demás, sino inventar uno nuevo. La IA puede ser el banco de pruebas: o nos convertimos en el juego o nos quedamos siempre fuera del campo. La inteligencia artificial europea no debe ser menos IA, sino una IA más nuestra: transparente, distribuida, construida para potenciar a las personas, no para sustituirlas. Si esta idea te suena, en Lara Notes puedes elegir I'm In: no es solo un «me gusta», es una forma de decir que esta perspectiva ahora te pertenece. Y si por casualidad lo comentas con alguien, tal vez en la cena o en la oficina, en Lara Notes puedes marcar ese momento con Shared Offline, porque ciertas conversaciones merecen ser recordadas. Esta Nota nace de Focus Europe y te ahorra 5 minutos de lectura.
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