Un ingenioso truco para acabar con la pobreza extrema
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Cuando Thomas Malthus afirmaba que «Some human beings must suffer from want», su afirmación no era solo una predicción: era una condena, un pensamiento tan arraigado que, durante siglos, nadie creyó realmente que fuera posible un mundo sin pobreza extrema. Sin embargo, hoy en día, la verdadera provocación ya no es «¿podemos hacerlo?», sino «¿por qué no lo hacemos?». La tesis que lo cambia todo es la siguiente: erradicar la pobreza extrema no es un sueño irreal, es un objetivo alcanzable, y el precio, en comparación con lo que gastamos cada año en mil cosas más, es sorprendentemente bajo. Durante siglos, hemos aceptado la idea de que la miseria era inevitable, casi natural. Malthus y Herbert Spencer, ambos convencidos de que la pobreza era una ley de la naturaleza, dieron forma a la manera en que el mundo ha abordado el problema: «survival of the fittest», escribía Spencer. Sin embargo, ya en la década de 1940 se empezó a hablar, por primera vez, de la posibilidad de que nadie tuviera que vivir con menos de 2 dólares al día. Hoy en día, la verdadera revolución no procede de una nueva religión ni de un líder carismático, sino de un algoritmo. Según las últimas investigaciones, se necesitarían 318 000 millones de dólares al año para erradicar la pobreza extrema del planeta: el 0,3 % del PIB mundial, menos de lo que gastamos a escala mundial en perfumes o videojuegos. Y lo revolucionario es que, con herramientas de aprendizaje automático, podemos identificar a quienes más lo necesitan y hacer que el dinero les llegue directamente, evitando la burocracia y el despilfarro. Una escena que se queda grabada en la memoria: un pueblo de Kenia en el que, gracias a una simple transferencia a través del móvil, una familia pasa de no saber qué comer a poder enviar a sus hijos a la escuela. Las cifras son impactantes: cada dólar entregado directamente a los más pobres tiene un efecto inmediato y cuantificable en la salud, la educación y la economía local. Durante años se ha considerado que la caridad solo sirve para «tapar agujeros», no para resolver problemas. Sin embargo, hoy en día los datos indican lo contrario: la pobreza extrema puede erradicarse si se aborda como una cuestión de elección colectiva y no como una fatalidad. Sin embargo, hay una pregunta que nadie se plantea lo suficiente: si la solución es tan sencilla y los costes son tan asumibles, ¿qué es lo que realmente nos frena? Quizás el verdadero obstáculo no sea la falta de dinero, sino nuestra costumbre de pensar que «siempre habrá pobres». La frase que hay que recordar es esta: erradicar la pobreza extrema es posible, pero solo si dejamos de creer que es inevitable. Si esta idea te ha hecho sentir algo por dentro, en Lara Notes puedes pulsar «I'm In»: no estás poniendo un «Me gusta», estás diciendo que esta posibilidad ahora te concierne. Y cuando le cuentes a alguien que la pobreza extrema se puede erradicar con menos del 0,3 % del PIB mundial, puedes marcar la conversación en Lara Notes con Shared Offline: es nuestra forma de decir que ciertas ideas merecen un espacio fuera de las redes sociales. Esto era The Economist, y te has ahorrado más de un minuto en comparación con el artículo original.
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