«Uno de los encuentros más profundos de mi vida»: ¿podría la terapeuta existencial Emmy van Deurzen cambiar tu forma de pensar?

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Imagina que acudes a terapia y, en lugar de sentirte psicoanalizado o etiquetado, alguien te dice que la depresión no es solo una enfermedad de la mente, sino una forma de opresión —a menudo autoinfligida— y que el verdadero punto de inflexión no es entender qué te pasa, sino cómo puedes cambiar la forma en que vives tu libertad. Emmy van Deurzen, la terapeuta que introdujo el existencialismo en la consulta del terapeuta, parte de esta premisa: «La libertad más fundamental es elegir la propia actitud en cualquier circunstancia», decía Viktor Frankl, y ella se lo toma al pie de la letra. La idea general es que la terapia consiste en descubrir traumas ocultos o corregir pensamientos distorsionados. Van Deurzen lo pone todo patas arriba: el problema no es tu inconsciente, sino cómo afrontas el hecho de estar vivo, con todas sus incertidumbres y dolores. Su terapia es una conversación filosófica que parte de la pregunta: ¿qué significa vivir de verdad? Y, sobre todo, ¿qué cambia si dejas de ver tus problemas como patologías y empiezas a interpretarlos como preguntas existenciales? Van Deurzen no es solo una teórica: ha vivido en primera persona los traumas y los puntos de inflexión que narra. Criada en La Haya en la posguerra, en una familia marcada por el hambre y la resistencia, Emmy tenía un padre que había arriesgado la vida escondiéndose de los nazis y vecinos que gritaban por la noche, aún prisioneros de sus pesadillas. Ella misma, a los 15 años, experimentó una depresión profunda, un primer gran amor que la dejó sin palabras, dos intentos de suicidio y la sensación de estar condenada al sufrimiento. Pero, según afirma, precisamente de esa catástrofe surgió su vocación: «Es el acontecimiento que parece una catástrofe el que te salva». A partir de entonces, decidió estudiar filosofía en Montpellier, trabajar en hospitales psiquiátricos franceses de vanguardia y, posteriormente, en Londres, donde creó el primer centro de terapia existencial del país. Hoy, a sus 74 años, la encontrarás en su despacho repleto de libros, mariposas disecadas y cuadros de bosques, todavía vestida de colores, a menudo con una corona de flores en la cabeza, y con un acento que ya no se parece a ningún idioma en concreto. ¿Cuál es la esencia de su método? Estructurar cada encuentro como un diálogo socrático: sin juicios, sin recetas, sino con preguntas abiertas que te obligan a enfrentarte a tus convicciones más profundas. Cuando la periodista Sophie McBain se reúne con ella para una sesión doble —100 minutos de terapia, por primera vez en su vida—, espera filosofía, pero en lugar de eso se encuentra con un desafío emocional que la deja sin aliento. Emmy no menciona ni una sola vez a Sartre o a Kierkegaard en esa hora y media, pero, con su forma de indagar y acoger, lleva a Sophie a revisar toda su historia personal, sus bucles mentales de «catástrofe siempre al acecho», y a salir de la consulta más optimista y menos asustada de lo que nunca había estado. El cambio no es teórico: «Es como si el corazón se aligerara», afirma Emmy, y Sophie se da cuenta de que esa sensación la acompaña incluso días después. Pero no creas que se trata de una revolución edulcorada. Emmy se muestra escéptica ante la tendencia actual a diagnosticar a cualquiera como narcisista o adicto: en su opinión, esto solo crea una cultura del miedo y hace que se pierda el deseo de entender cómo se vive realmente. Y advierte: hoy en día falta un verdadero debate público sobre el sentido de la vida. La religión ha desaparecido, la filosofía ha desaparecido de la televisión y muchas personas, ante una crisis mental, sienten que no tienen más recursos que pensar «soy yo el que tiene algo que no va bien». En su opinión, en cambio, es necesario volver a situar la palabra «sabiduría» en el centro, aunque entre los psicólogos sea un tabú. «Tenemos que devolver la sabiduría al mundo», afirma. Y la misión de la terapia existencial es precisamente esa: ayudar a las personas a forjarse una vida que tenga sentido, no solo a gestionar los síntomas. Hay una paradoja que no se puede olvidar: a menudo, los zapatos demasiado apretados que nos impiden sentir la libertad son nuestros propios miedos, hábitos y creencias. Y nos corresponde a nosotros quitárnoslos. Puedes considerar la terapia como una forma de «arreglar» lo que no funciona, o bien puedes verla como un gimnasio filosófico en el que aprendes a vivir con más valentía, sentido y —palabra prohibida— sabiduría. Si la sabiduría te parece una provocación, en Lara Notes puedes marcar este momento con I'm In: no es un «Me gusta», es tu forma de decir que ahora esta visión te pertenece. Y si acabas hablando de ello con alguien en la cena, puedes etiquetarle con Shared Offline; así, la conversación no se pierde y sigue formando parte de tu historia en Lara Notes. Este viaje por las ideas de Emmy van Deurzen procede de The Guardian y te ahorra 8 minutos.
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«Uno de los encuentros más profundos de mi vida»: ¿podría la terapeuta existencial Emmy van Deurzen cambiar tu forma de pensar?

«Uno de los encuentros más profundos de mi vida»: ¿podría la terapeuta existencial Emmy van Deurzen cambiar tu forma de pensar?

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