Uu uu, ja ja: por qué los humanos y los grandes simios se ríen igual cuando les hacen cosquillas
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Si haces cosquillas a un chimpancé, a un gorila y a un bebé de seis meses, sucede algo inesperado: todos se ríen al mismo ritmo, con intervalos regulares entre una risa y la siguiente. No es solo un sonido similar, sino que la cadencia es idéntica, casi como si siguieran una partitura antigua. Todos pensamos que la risa es una de las cosas más humanas que existen, un signo de inteligencia social o de complejidad emocional. Pero este descubrimiento cambia la perspectiva: el «patrón» de nuestra risa viene de mucho más lejos, tal vez de un antepasado que vivió hace 15 millones de años. Y significa que la capacidad de controlar nuestros sonidos de manera sofisticada no es solo nuestra, sino algo que compartimos con los grandes primates. Chiara De Gregorio, primatóloga de la Universidad de Warwick, ha grabado 140 secuencias de risas: 42 de bonobos, 35 de chimpancés, 34 de gorilas, 16 de orangutanes y 13 de bebés humanos que jugaban con sus madres. ¿El resultado? Cuando les hacían cosquillas, todos mantenían el mismo ritmo regular entre un «ja» y el siguiente. Simon Townsend, que estudia la comunicación de los primates en Zúrich, dice que estos datos confirman que nuestros «parientes cercanos» tienen mucho más control sobre sus sonidos de lo que pensábamos. Pero hay un detalle que lo cambia todo: cuando el contexto cambia, también cambia la risa. Durante el juego libre, tanto entre animales como entre niños, la risa se vuelve irregular, casi caótica. De Gregorio lo describe así: «Si piensas en dos animales jugando, o en dos niños revolcándose, puede pasar cualquier cosa. Los movimientos físicos cambian la respiración y rompen el ritmo». En la práctica, la risa regular surge cuando hay un estímulo externo claro, como las cosquillas, mientras que en el juego libre el cuerpo toma el control y la voz pierde su metrónomo. Ahora intenta pensarlo: la forma en que reímos no es solo cultura o carácter, sino un reflejo de una historia evolutiva que nos atraviesa, que conectamos instintivamente con quienes nos precedieron hace millones de años. Y, por una vez, la ciencia nos dice que reírnos junto a un chimpancé no es una broma de bar, sino una verdad biológica. Hay un ángulo que nadie considera: si la risa regular surge de un estímulo externo y la caótica del juego libre, entonces tal vez la verdadera singularidad humana no esté en la risa en sí, sino en cómo la usamos para crear vínculos incluso fuera de esos estímulos. Quizás la risa social, la que nace de una broma, de un recuerdo, de una complicidad, sea el verdadero salto evolutivo que nos distingue. Pero la raíz, ese latido regular entre un «ja» y otro, todavía nos conecta con los bosques de hace millones de años. La risa no es solo nuestra: es un eco antiguo que nos une a los grandes primates. Si esta historia ha cambiado tu forma de pensar sobre la risa, en Lara Notes puedes pulsar I'm In; no es un «me gusta», es tu forma de decir: esta idea ahora es tuya. Y si te apetece contarle esto a alguien, en Lara Notes puedes etiquetarlo con Shared Offline, porque ciertos descubrimientos merecen ser recordados también fuera de la pantalla. Esta nota proviene de Nature y te ahorra 7 minutos.
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