Videojuegos: cómo la CIENCIA da forma al DISEÑO DE JUEGOS

Frenchto
En 2011, un videojuego permitió a jugadores sin ninguna formación científica resolver en tres semanas un problema de biología estructural que había tenido en jaque a los investigadores durante diez años. El juego se llamaba Foldit, y los participantes tenían que «plegar» virtualmente proteínas para encontrar su forma final, contribuyendo así a descifrar los mecanismos de enfermedades como el alzhéimer o el ébola. Parece ciencia ficción, pero es la señal de una verdad más radical: el diseño de juegos moderno no nace solo de la creatividad, sino de la unión con la ciencia, y a menudo la ciencia aprende del juego más de lo que imaginamos. Estamos acostumbrados a pensar en los videojuegos como puro entretenimiento: gráficos, historias, desafíos, evasión. Pero esta visión es miope. En realidad, todo éxito del gaming se basa en una cantidad sorprendente de leyes físicas, matemáticas, acústica, inteligencia artificial y modelos estadísticos. Y la relación entre la ciencia y los videojuegos ha sido estrecha desde su nacimiento: el primer videojuego de la historia, Tennis for Two, fue creado en 1958 por físicos del laboratorio de Brookhaven precisamente para mostrar la ciencia al público. No estaba pensado para la diversión, sino como herramienta de divulgación: una pelota que atraviesa un osciloscopio para demostrar la potencia de las nuevas herramientas de cálculo. Sin embargo, desde el principio, la tentación de jugar con las máquinas fue irresistible. David Louapre, exdirector científico de Ubisoft, cuenta que muchos de los primeros científicos informáticos eran, en el fondo, niños curiosos: en cuanto podían, transformaban máquinas muy caras en prototipos de videojuegos, como sucedió con Spacewar!, una batalla entre naves espaciales nacida en los ordenadores centrales universitarios en los años sesenta. Roland Lehoucq, astrofísico, recuerda en cambio la primera vez que probó Pong en casa de un amigo, en una vieja consola Thomson: «Era un juego de tenis simplificado, pero detrás había las mismas reglas físicas que explicaba en el laboratorio». Pero la ciencia en los videojuegos no se limita a la física newtoniana. Con la llegada de la tercera dimensión y de los gráficos realistas, las limitaciones técnicas han impuesto soluciones ingeniosas: un juego moderno actualiza millones de píxeles cada 16 milisegundos, calculando reflejos, sombras, movimientos, colisiones y fluidos. Para simular el agua, por ejemplo, no se pueden resolver realmente las complicadas ecuaciones de Navier-Stokes: se toman atajos, se falsifican los datos, se utilizan trucos gráficos que dan la ilusión de la física real. Sin embargo, si la superficie parece creíble, el jugador se siente inmerso y olvida la diferencia. Es la misma lógica de la ciencia ficción, dice Lehoucq: no importa que todo sea cierto, lo importante es que sea plausible, que se respete la intuición del usuario. Un ejemplo perfecto es Outer Wilds, un juego de 2019 en el que el sistema solar virtual se ha diseñado para seguir realmente las leyes de Kepler: si lanzas un objeto con la velocidad adecuada, puedes verlo entrar en órbita, tal y como imaginaba Newton con su «cañón de la montaña». Lehoucq ha cronometrado las órbitas de los planetas y confirma: «La relación entre el cubo del semieje mayor y el cuadrado del período es constante, tal y como dicta la física». Pero la simulación nunca es total. Fíjate en Mario cuando salta: cae más despacio de lo que sube, y puedes controlar la caída con la palanca. Imposible en el mundo real, pero necesario para que el juego sea divertido y accesible. En 2D se puede hacer trampa fácilmente. Sin embargo, con la transición al 3D, los motores físicos deben acercarse cada vez más al realismo, dejando al mismo tiempo espacio para los «trucos» creativos que hacen que el juego sea agradable. El sonido también es un laboratorio científico. Al principio, la memoria reducida obligaba a sintetizarlo todo con ondas cuadradas, creando ese sonido de 8 bits que se ha vuelto icónico. Hoy en día, la generación de sonido en tiempo real utiliza algoritmos que simulan la distancia, los materiales y los obstáculos para dar al jugador indicaciones espaciales fundamentales: piensa en Rainbow Six, donde entender la posición de un enemigo a partir del ruido marca la diferencia entre ganar y perder. Pero el cambio más interesante llega en la actualidad: la ciencia no solo alimenta los videojuegos, sino que empieza a utilizar los videojuegos para descubrir nuevos resultados. Foldit es solo uno de los muchos ejemplos de «ciencia participativa» gamificada. Y las mismas tecnologías de renderizado para los juegos, las GPU, son ahora el corazón de la inteligencia artificial, al acelerar el cálculo de las redes neuronales y los modelos generativos. En la práctica, los videojuegos se han convertido en un gigantesco laboratorio distribuido: cada partida, cada elección, cada error resuelto es también un paso adelante en la investigación científica, a menudo sin que nos demos cuenta. Y a medida que las nuevas IA generativas comienzan a escribir diálogos, a crear comportamientos e incluso a ayudar en la programación de los juegos, la línea divisoria entre la ciencia y el entretenimiento se vuelve cada vez más tenue. En resumen: los videojuegos no son el enemigo de la cultura científica, sino su gimnasio más eficaz y accesible. No son solo una forma de distraerse, sino una forma —quizás la más poderosa que tenemos hoy en día— de aprender sin darnos cuenta, e incluso de producir nuevos conocimientos. Si pensabas que el diseño de juegos era solo arte y fantasía, debes saber que cada salto de Mario, cada ola en el mar de Zelda, cada órbita en Outer Wilds, son también una lección de física, matemáticas y neurociencia. En Lara Notes hay un gesto que no encontrarás en ningún otro lugar: I'm In. No es un corazón, no es un pulgar hacia arriba. Es tu declaración: esta idea ahora te pertenece porque el próximo videojuego que pruebes también te parecerá un pequeño laboratorio científico. Y si mañana le cuentas a alguien que los jugadores de Foldit han vencido a los verdaderos biólogos, en Lara Notes puedes indicarlo con Shared Offline: así la persona que estaba contigo sabe que esa conversación realmente importaba. Esta Nota nace de France Culture y te ahorra 49 minutos de escucha.
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