Vladímir Putin está perdiendo el control de Rusia

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Imagina que, de repente, todas las personas que trabajan en torno al poder en Rusia han cambiado un pequeño detalle en su forma de hablar: cuando se refieren a las decisiones y acciones del Gobierno, dejan de decir «nosotros» y empiezan a decir «él». No se trata de una revolución ni de una protesta callejera, sino de una mutación silenciosa que se está extendiendo por palacios, oficinas y cenas de trabajo. La tesis es la siguiente: la verdadera señal de que Putin está perdiendo el control no son las manifestaciones ni los discursos públicos, sino el hecho de que la guerra y las decisiones del Kremlin ya no se perciben como un proyecto colectivo. Rusia ya no dice «esta es nuestra guerra», sino «esta es su guerra». Y cuando quienes mandan pierden el «nosotros», el sistema entra en una profunda crisis, porque, sin un sentimiento de pertenencia, el miedo empieza a ser más fuerte que la lealtad. Entre los protagonistas de esta metamorfosis se encuentran altos cargos, gobernadores de vastas regiones y empresarios que, hasta hace poco, se sentían parte de un equipo. Una frase escuchada recientemente en un ministerio de Moscú ilustra bien esta idea: «No sé por qué tenemos que seguir por este camino, pero ahora es el camino de Putin, no el nuestro». Hay quienes hablan de cenas en las que ya nadie utiliza el tono de «lo conseguiremos», y quienes, como un antiguo consejero ahora en el exilio, confiesan percibir en todas partes un clima de «final de carrera». Para comprender la profundidad de esta desconexión, basta con observar los datos: en los últimos veinte años, las encuestas internas nunca habían registrado una distancia tan marcada entre los dirigentes y el resto del país. Un detalle personal: un antiguo directivo de una gran empresa energética, que durante años había participado en las reuniones con Putin, cuenta que hoy en día ya nadie quiere dejarse ver en los pasillos del poder; todos intentan minimizar su exposición, como si estar demasiado cerca del centro supusiera correr el riesgo de verse arrastrados por el derrumbe. Hay otro elemento crucial: paradójicamente, cada medida que adopta Putin para consolidar su poder acelera la pérdida de consenso. Cuanto más intenta blindar su poder, más siente la gente que solo se protege a sí mismo. Y no se trata solo de un problema de imagen: en los sistemas autoritarios, cuando el líder deja de representar al «nosotros», la maquinaria se atasca y comienza la huida silenciosa de los aliados. Ahora bien, la perspectiva que pocos tienen en cuenta es la siguiente: el verdadero riesgo para el Kremlin no es tanto una oleada de protestas populares como una progresiva fragmentación interna, en la que cada uno piense en salvarse sin preocuparse ya por el destino común. No es el tumulto de las plazas lo que hace temblar al poder, sino el vacío que se crea cuando todos dejan de creer en él juntos. La frase que queda es la siguiente: cuando el «nosotros» desaparece del vocabulario del poder, comienza la verdadera crisis de un régimen. Si esta visión te ha hecho ver la situación rusa de forma diferente, en Lara Notes puedes dejar constancia de ese momento con I'm In: es tu declaración de que esta perspectiva forma ahora parte de tu forma de pensar. Y si dentro de unos días te sorprendes contándole a alguien que en Rusia la crisis se mide por un simple cambio de pronombre, en Lara Notes puedes etiquetar a la persona que estaba contigo con Shared Offline, para grabar esa conversación en la memoria. Esta idea procede de The Economist y te acaba de ahorrar varios minutos de lectura.
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