Xi Jinping quiere una moneda fuerte. La guerra de Estados Unidos ha sido de ayuda
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Un restaurante de Hong Kong acepta yuanes digitales, pero el maître confiesa que, hasta ahora, nadie los ha utilizado nunca. Sin embargo, más de 5 000 comercios de la ciudad están preparados para aceptarlos. Lo que parece un detalle de «foodie» oculta uno de los grandes cambios en las finanzas mundiales de los últimos años. La idea de que el dólar estadounidense es la única moneda con la que se hacen negocios en el mundo está empezando a resquebrajarse, justo cuando aumentan las tensiones entre Estados Unidos y China. La incómoda verdad es que las sanciones financieras que Estados Unidos utiliza para castigar a sus rivales están acelerando la búsqueda de alternativas. Xi Jinping no solo sueña con una China poderosa, sino con una China que ya no se vea obligada a utilizar los canales de pago controlados por Washington. Hace algunos años, el banco central chino lanzó el e-CNY, un yuan digital, y ha impulsado circuitos de pago alternativos a SWIFT, el sistema que conecta a casi todos los bancos del mundo, pero que puede cerrarse por decisión política estadounidense. Hasta hace pocos años, la mayor parte del comercio entre países seguía pasando por el dólar. Hoy, tras la guerra en Ucrania y las sanciones contra Rusia, cada vez más gobiernos temen quedar excluidos de estos canales. Por ejemplo, cuando se excluyó a Rusia de SWIFT, Moscú tuvo que encontrar rápidamente alternativas para seguir comerciando, y China estaba dispuesta a ayudarla con sus sistemas. Aquí entra en escena Xi Jinping, el líder chino que, más que ningún otro, ha situado la cuestión de la soberanía monetaria en el centro de su estrategia geopolítica. Xi ha declarado abiertamente que China debe prepararse para las «tormentas externas» y crear una red de pagos que nadie pueda bloquear. Una de sus medidas clave ha sido el lanzamiento del e-CNY, que hoy en día aceptan más de 5 000 comercios solo en Hong Kong, pero que también se está probando en África y Oriente Medio, donde China está invirtiendo masivamente en infraestructuras. Las cifras hablan más que mil declaraciones: en 2025, las transacciones transfronterizas en yuanes aumentaron un 35 % con respecto al año anterior. Y en 2026, por primera vez, la proporción del comercio mundial liquidado en dólares cayó por debajo del 80 %. Aún no se trata de una superación, pero sí de una brecha histórica en la supremacía del dólar. También hay un ejemplo que lo hace todo más concreto: una pequeña empresa de maquinaria de Vietnam que, tras el bloqueo temporal de los pagos en dólares por motivos políticos, empezó a utilizar el sistema chino CIPS para recibir yuanes directamente de sus clientes africanos. El propietario afirma que, tras un primer momento de desconfianza, ahora se siente más tranquilo: «Si mañana nos dejan fuera del dólar, al menos podremos seguir trabajando». Aunque muchos piensan que la fortaleza de una moneda es solo una cuestión económica, la historia de los últimos años demuestra que las guerras financieras pueden tener tanto peso como las que se libran con tanques. Y hay una pregunta que pocos se hacen: si el dólar deja de ser neutral, ¿qué moneda se convertirá en el nuevo valor refugio en tiempos de crisis? Aquí es donde entra en juego la parte realmente controvertida: no es seguro que el éxito del yuan se deba únicamente a China. Paradójicamente, son precisamente las medidas agresivas de Estados Unidos las que están empujando a países rivales y aliados a buscar alternativas. Cada vez que se excluye a un banco de los circuitos occidentales, el mensaje es claro: más vale prepararse. Hoy en día, quienes se sienten vulnerables a las sanciones observan con interés las soluciones chinas, aunque nadie, ni siquiera en Pekín, espera que el yuan sustituya al dólar mañana por la mañana. Pero la brecha está abierta: la moneda que domina el mundo ya no tiene tan seguro su trono. Si crees que la moneda más fuerte es siempre la del país con la economía más grande, basta con que mires a Hong Kong: puedes pagar el «congee» con yuanes digitales, y ya nadie se sorprende. Si esta historia te interesa, en Lara Notes puedes pulsar «I'm In». No es un «Me gusta»; es tu forma de decir: «Esta idea ahora es mía». Y si mañana le cuentas a alguien que las guerras financieras están cambiando la forma en que el mundo paga sus cenas, en Lara Notes puedes dejarlo constatado: Shared Offline es la forma de decir que esa conversación importaba. Esta Nota procede de The Economist y te ha ahorrado casi cinco minutos en comparación con el artículo original.
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