Z+ (contenido sujeto a pago); Reinhard Haller: «El silencio es un instrumento de poder de primer orden»

Germanto
Imagina que el silencio, en lugar de ser un signo de paz, actúa como un veneno sutil. Reinhard Haller, psiquiatra y criminólogo austriaco, lo afirma con claridad: «El silencio es un instrumento de poder de primerísimo orden». No nos referimos a pausas relajantes ni a momentos de reflexión, sino a ese silencio obstinado que se instala entre personas que deberían hablar: parejas, amigos, compañeros de trabajo. Según Haller, el silencio utilizado como arma es mucho más destructivo que una discusión acalorada. Tendemos a pensar que no hablar siempre es mejor que discutir, que el conflicto se evita haciendo como si nada. Sin embargo, según Haller, el verdadero veneno en las relaciones no es la discusión, sino el silencio prolongado y calculado. Para él, el silencio tóxico desgasta la confianza, alimenta fantasías nocivas («¿Soy yo el problema? ¿He hecho algo terrible sin darme cuenta?»— y convierte la relación en un campo de minas en el que cada gesto se malinterpreta. Detrás de esta dinámica, Haller identifica un mecanismo de poder. Relata que, entre las parejas a las que atiende, las llamadas «guerras del silencio» duran semanas, a veces meses. En un caso reciente, una mujer le confió que su marido dejaba de hablarle cada vez que quería conseguir algo: no le gritaba, no le daba explicaciones, simplemente la ignoraba. Ella describía la situación como estar «en una habitación llena de gas invisible». Haller explica que este tipo de silencio no es una simple falta de palabras, sino una auténtica estrategia de control. Y el dato sorprendente es que, en sus investigaciones, los períodos de silencio prolongado entre parejas guardan una estrecha relación con la depresión y la ansiedad, a menudo más que las discusiones violentas. Otro aspecto que se desprende de sus entrevistas es que quienes sufren el silencio tienden a sentirse más culpables, más aislados y más inseguros. Por su parte, quienes lo imponen a menudo lo hacen para no exponerse, para mantener una posición de fuerza. Pero hay un detalle interesante: Haller no demoniza el silencio en sí. Más bien, distingue entre el silencio «saludable», que surge del respeto o de la necesidad de hacer una pausa, y el silencio «tóxico», que, en cambio, se utiliza para castigar o manipular. Lo realmente sorprendente aquí es que, contrariamente a lo que pensamos, el silencio no siempre protege las relaciones; a veces las mata lentamente. Y hay una solución. Haller sugiere que el único antídoto contra el silencio tóxico es la comunicación consciente, aunque resulte incómoda. No hace falta gritar: basta con romper el hielo con una frase sencilla, aunque solo sea «Me duele que no me hables». Parece poco, pero a menudo es la única manera de romper el círculo vicioso. Sin embargo, hay un aspecto que el artículo no aborda: ¿qué ocurre cuando el silencio es la única defensa que queda? Por ejemplo, las personas que han sufrido abusos pueden optar por el silencio no como arma, sino como escudo. En estos casos, hablar de inmediato no siempre es posible ni adecuado. La cuestión es que el silencio, como todas las cosas poderosas, puede ser tanto veneno como medicina; depende de la intención, de la historia y del contexto. Una frase que se queda grabada: «El silencio es como un gas invisible: no lo ves, pero puede asfixiarlo todo». En Lara Notes hay un gesto que no encontrarás en ningún otro lugar: I’m In. No es un corazón, ni un pulgar hacia arriba. Es tu declaración: esta idea te afecta, te ha impactado. Y si mañana te encuentras contándole esto a alguien, en Lara Notes puedes indicarlo con Shared Offline: es la forma de decir que esa conversación fue realmente importante. Esta Nota procede de ZEITmagazin y te ha ahorrado varios minutos en comparación con el artículo original.
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