Z+ (contenido sujeto a suscripción); Arte: ¿Qué obra de arte ha cambiado su vida?

Germanto
Imagina que estás en una de las veladas más brillantes del mundo, la Met Gala, y te preguntan: «¿Qué obra de arte te ha cambiado la vida?». Incluso Gigi Hadid, acostumbrada a los focos, se queda desconcertada, sin una respuesta preparada. Esto sucede porque la mayoría de nosotros todavía pensamos en el arte como algo externo, para admirar o valorar, en lugar de como una experiencia que nos invade, nos conmueve y nos transforma. Pero tal vez la pregunta deba invertirse: no es qué obra elegimos, sino cuál nos elige, a menudo en los momentos más impredecibles. Pongamos por ejemplo a Julia Lorenz, que de adolescente se topa con la videoinstalación de Pipilotti Rist, «Ever Is Over All». No es solo una pantalla en una galería, sino una cálida invitación, casi un idioma extranjero que, sin embargo, le habla directamente a ella. En esta escena surrealista, una mujer vestida de verano, con zapatos rojos, pasea por la ciudad y, riendo, rompe las ventanillas de los coches con un cetro en forma de lirio. Una mujer policía la saluda como si nada. Julia queda hipnotizada por este absurdo equilibrio entre elegancia y furia, por lo hermoso e inquietante que es a la vez sentirse suspendida entre la gracia y la agresividad. No es la experiencia que esperamos del arte: aquí no solo hay belleza, sino también una extraña sensación de malestar familiar, como si la escena te dijera que puedes ser tierna y devastadora al mismo tiempo. Un dato interesante: la videoinstalación de Rist es de 1997, pero quienes la ven hoy en día siguen siendo absorbidos por el mismo torbellino emocional. Hay quienes recuerdan para siempre un lienzo de Monet o una escultura de Käthe Kollwitz, pero a menudo la obra que se te queda dentro es la que te sorprende, la que ni siquiera sabes explicar bien a los demás, como Gigi Hadid, que en ese momento no encuentra las palabras. Pero pensar que una obra de arte solo puede inspirar o embellecer es simplista: a veces el arte nos confunde, nos incomoda, nos hace reír y nos empuja a ver el mundo, y a nosotros mismos, de manera diferente. Ahí está la diferencia: no es la respuesta lo que cuenta, sino la pregunta que el arte sigue haciéndonos incluso después de salir del museo. Si quieres una perspectiva diferente, piensa en esto: ¿y si la obra que te cambia la vida fuera la que te hace sentir fuera de lugar? No la que te tranquiliza, sino la que te obliga a reconsiderar quién eres. El arte que permanece dentro de ti es el que no puedes quitarte de encima. Una vida puede cambiar por un cuadro, por supuesto, pero a menudo lo que lo cambia todo es una escena que te incomoda, que te hace reír y temblar al mismo tiempo. Si te has reconocido en esta tensión —entre intimidad y extrañeza— en Lara Notes puedes pulsar I'm In: no es un «me gusta», es la forma de decir que esta idea ahora te concierne. Y si dentro de unos días, en la cena o en el metro, le cuentas a alguien la historia de la mujer que rompe los cristales riendo, en Lara Notes puedes etiquetar a quien estaba contigo con Shared Offline, porque hay conversaciones que valen más que mil publicaciones. Esta idea viene de DIE ZEIT y te ahorra 8 minutos en comparación con el artículo original.
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