La reacción de la ciencia ante la ley argentina que abre la puerta a la explotación de los glaciares, ya en estado crítico debido al cambio climático
Italianto
La reforma que acaba de aprobar el Parlamento argentino permite, por primera vez en más de diez años, explotar minas en zonas glaciares que hasta ayer estaban totalmente protegidas. Y lo absurdo es lo siguiente: justo cuando los glaciares argentinos ya han perdido casi la mitad de su superficie en menos de treinta años, en lugar de tomar medidas correctoras, el Gobierno decide reducir aún más las protecciones. Por lo general, se considera que una ley medioambiental solo sirve para encontrar un equilibrio entre el desarrollo y la naturaleza, pero en este caso ocurre lo contrario: la ley desprotege un ecosistema que ya está en estado crítico. La tesis oficial del Gobierno de Milei es que, sin estas reformas, Argentina no podrá atraer inversiones mineras y se quedará rezagada en la carrera por recursos como el litio, el cobre o el oro. Sin embargo, quienes estudian los glaciares de cerca, como Federico Ponce, del CADIC de Ushuaia, lo ven de forma completamente distinta. Ponce, que lleva veinte años estudiando la Patagonia mediante satélites y expediciones sobre el terreno, afirma sin ambages: «No hace falta ser científico para ver que el glaciar Martial está desapareciendo a ojos vista». Y añade un dato que no te esperas: en los últimos 25 años, la superficie de los glaciares argentinos se ha reducido de media entre un 45 % y un 50 %, y al menos una veintena ya han desaparecido para siempre. La antigua ley de 2010 prohibía cualquier extracción en las zonas glaciares y periglaciares, pero la nueva reforma delega en cada provincia la decisión sobre qué glaciares proteger y, en cambio, dónde dar luz verde a las minas. Y aquí está el truco: ¿quién decide si un glaciar es «relevante» para el agua? Las mismas provincias que esperan obtener dinero de las concesiones mineras. Un conflicto de intereses tan grande como una montaña, literalmente. Detrás de las cifras, hay historias de científicos que cada año regresan a las mismas montañas y encuentran arroyos donde antes había hielo, y de cientos de personas que han acudido desde toda Argentina para protestar ante el Parlamento. El día de la votación, detuvieron a siete activistas de Greenpeace. Y, en las audiencias públicas, más de 100 000 ciudadanos intentaron oponerse, aunque la reforma se aprobó de todos modos. Algunos detalles dejan entrever que la cuestión no es únicamente técnica o económica: el llamado «triángulo del litio» —Argentina, Chile y Bolivia— concentra casi el 60 % de las reservas mundiales de este mineral, que se utiliza en todas las baterías, pero el precio que hay que pagar suele ser invisible. El agua de los Andes acaba utilizándose para lavar los minerales y ya no llega al valle, donde es necesaria para los campos y las ciudades. Y el riesgo, como advierte el abogado Cristian Fernández, es que el agua deje de ser un derecho y se convierta en una mera materia prima para la industria. Otro aspecto que rara vez se debate es la fragilidad del entorno periglacial, formado por rocas, tierra y hielo que se derrite poco a poco. La reforma limita la protección a unas pocas formaciones y deja fuera sistemas hídricos enteros que, una vez contaminados, nunca se recuperan por completo. También hay un componente geopolítico: Argentina, impulsada por la necesidad de dólares y de competitividad, corre el riesgo de aceptar el papel de «proveedora de materias primas», justo cuando el resto del mundo empieza a darse cuenta de que el agua podría valer más que el oro. Y si crees que las protestas son solo de algunos ecologistas, debes saber que la batalla legal no ha hecho más que empezar: Greenpeace y otras asociaciones ya han anunciado que presentarán recursos, y el Tribunal Supremo podría tener que pronunciarse. Pero el dato que queda es este: casi 17 000 glaciares, una superficie treinta y seis veces mayor que la de Buenos Aires, y una ley que, en lugar de salvarlos, corre el riesgo de hacerlos desaparecer más rápidamente. El agua del mañana se decide hoy, entre los escaños de un parlamento y el silencio de unas montañas que se están derritiendo. Si hoy una ley puede convertir los glaciares en recursos para explotar, mañana podríamos descubrir que hemos regalado nuestra reserva de agua a cambio de un puñado de cobre. Si esta historia te afecta, en Lara Notes puedes pulsar «I'm In». No es un «Me gusta»; es tu forma de decir: «Esta idea ahora es mía». Y si por casualidad hablas de ello con alguien, quizá contándole lo que les está pasando a los glaciares argentinos, en Lara Notes puedes marcarlo como Shared Offline, porque una conversación de verdad merece que se recuerde. Esto era de Wired Italia, y con esta nota te has ahorrado más de diez minutos de lectura.
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