¿Trasladar Venecia a otro lugar, con sus habitantes y sus monumentos históricos, para salvarla del mar? La idea, en un nuevo estudio

@ste__cal
Italianto
Imagínate dentro de 300 años: Venecia ya no está donde la conocemos, sino que se ha reconstruido en otro lugar, y sus habitantes e incluso sus monumentos históricos se han trasladado metros y metros hacia el interior. No se trata de una trama de ciencia ficción, sino de un escenario real que se ha tenido en cuenta en un estudio reciente publicado en Scientific Reports. La idea más radical es precisamente esta: trasladar físicamente la ciudad para salvarla de la subida del nivel del mar, que amenaza con borrarla del mapa. Estamos acostumbrados a pensar que las soluciones para Venecia son siempre y únicamente técnicas: barreras, diques, malecones, el famoso Mose. Sin embargo, la nueva perspectiva afirma que, si la naturaleza no se detiene, es la ciudad la que debe moverse. No se trata solo de defender los cimientos, sino de aceptar que, en determinados casos, la supervivencia pasa por reinventarse por completo, incluso a costa de desmontar y volver a montar la historia pieza por pieza. Detrás de esta hipótesis hay personas como Piero Lionello, climatólogo de la Universidad del Salento, y Robert Nicholls, experto en adaptación costera. Lionello tiene una frase que desconcierta: «No existe una estrategia de adaptación óptima». Esto significa que ninguna opción, ni siquiera la más costosa, garantiza salvar la Venecia actual tal y como es. Nicholls añade: «Los costes son incompletos; el valor cultural de Venecia no se puede cuantificar». Y luego están las cifras: entre 500 millones y 4500 millones para las presas, más de 30 000 millones para cerrar la laguna y hasta 100 000 millones para trasladar la ciudad. Pero el verdadero coste sería el tiempo: se necesitarían entre 30 y 50 años para llevar a cabo cualquier intervención, y se corre el riesgo de que sea demasiado tarde. Hay un dato que resulta impactante: los investigadores han calculado que las barreras móviles actuales, como el Mose, solo pueden resistir hasta una subida de 1,25 metros. En un escenario pesimista, este umbral podría alcanzarse ya en 2300, y entonces las alternativas se vuelven drásticas. Imagina el debate entre los venecianos: seguir defendiéndose, aislar la ciudad con nuevas presas, cerrar la laguna con un superdique o aceptar la idea de un éxodo colectivo, en el que la historia se salva pero cambia de hogar. Hay un detalle humano que no puedes olvidar: detrás de cada estrategia hay una pregunta sobre qué es lo que realmente importa. ¿El bienestar de los residentes? ¿La protección de las tradiciones? ¿La conservación de los monumentos o la propia supervivencia de la comunidad? Ninguna decisión es neutral. Y aquí llega la provocación que casi siempre falta: en el fondo, estamos obsesionados con la conservación material, pero quizá la verdadera identidad de una ciudad resida en las personas que la habitan y la cuentan, más que en sus ladrillos. Venecia podría sobrevivir incluso sin la laguna, si sus habitantes conservan su memoria y su cultura. Quizás la pregunta que debemos plantearnos no sea cómo salvar las piedras, sino cómo salvar la historia que habita en su interior. La frase que se queda en la cabeza es esta: a veces, para salvar una ciudad, hay que estar dispuesto a dejarla ir adonde sea necesario. Si pensar en trasladar Venecia te ha hecho ver el problema del cambio climático con otros ojos, en Lara Notes puedes indicarlo con I'm In: es el gesto para decir que esta idea ahora forma parte de tu forma de pensar. Y si mañana hablas de esta hipótesis surrealista pero real con alguien en la cena o en el bar, en Lara Notes puedes etiquetar a la persona que te acompañaba con Shared Offline: así la conversación no se pierde. Este contenido procede de Wired Italia y te ha ahorrado al menos 10 minutos en comparación con el artículo original.
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