Un día en el estudio de The Kolors: entre la ciencia y la música

@ste__cal
Italianto
Si te dijera que la versión de «Italo Disco» de The Kolors que has escuchado en la radio, la que ha dado la vuelta al mundo, en realidad era básicamente una demo, ¿te lo creerías? Pues así es: meses intentando perfeccionarla y, al final, siempre se vuelve a la primera versión, la que tiene todas esas pequeñas imperfecciones, porque ahí está el alma. Estamos acostumbrados a pensar que una canción de éxito es el resultado de una producción quirúrgica, en la que cada nota está perfectamente a tiempo y cada voz está afinada digitalmente. Pero en el estudio de The Kolors ocurre lo contrario: la ciencia de la producción se entrelaza con la casualidad, la intuición y, sobre todo, el error humano. La magia no es la perfección: es el «groove», esa sensación de que la música realmente «fluye» solo si algo se queda ligeramente torcido. Stash, líder y productor, te cuenta que, para ellos, la verdadera dificultad no es arreglar, sino dejar «mal» lo que está bien. Detalles como un bajo que se sale del compás durante unos milisegundos o una voz que no es perfecta se convierten en la seña de identidad de la canción. Stash, cuyo nombre real es Antonio Fiordispino, vive literalmente encima de su estudio: muchas ideas le surgen por la noche, en pijama, y las graba sobre la marcha con notas de voz en el iPhone, a menudo fingiendo que habla por teléfono para no parecer un loco. Y en la grabación de Rolling Stones, al igual que en Italo Disco, el proceso es siempre el mismo: se parte de un bucle de batería real, sin ordenador que lo corrija, se añade un bajo con un sintetizador analógico de los ochenta, el legendario Moog, que no tiene memoria (si la señora de la limpieza mueve un control, adiós al sonido; nunca lo volverás a conseguir igual). Un detalle genial: el sonido de Italo Disco también procede de un Moog recién salido del servicio técnico, con todos los ajustes desbaratados, y nadie podría haberlo recreado a propósito. Y luego está la voz, o mejor dicho, las voces: Stash también graba treinta o cuarenta pistas diferentes de su voz, algunas cantadas con intención de solista, otras como si fuera un corista, repartidas a izquierda y derecha en la mezcla para aportar coralidad. Sin autotune, sin corrección de tono: Stash lo dice sin tapujos, «no lo necesito», y las pequeñas imperfecciones se mantienen. Para dar aún más carácter a los sonidos, se emplean trucos de laboratorio: la punta de ruido recortada nota a nota, un bolígrafo que golpea una campana en lugar de la baqueta, una «talkbox» de los setenta para modelar la guitarra con la boca, como en «Living on a Prayer» de Bon Jovi. ¿Y el saxofón? Stash es guitarrista, pero se ha obsesionado con el saxofón: ha pasado días enteros en el estudio con un saxofonista para conseguir «mil millones de saxofones», porque ese era el sonido que tenía en mente. Todo en esta sala parece improvisado, pero en realidad es una ciencia, aunque una ciencia hecha de errores, de golpes de suerte, de instrumentos analógicos que nunca se pueden reproducir de forma idéntica. Incluso el sueño de llevar a Italo Disco a San Remo con Bob Sinclair en la mesa de mezclas surgió de un mensaje de WhatsApp recibido por casualidad, y a partir de ahí se desencadenó toda la cadena de ideas que condujo a la pieza final. Pero hay un detalle que nadie menciona: la producción de The Kolors nunca está realmente terminada, no existe una versión «definitiva». Cada tema tiene veinte o treinta versiones y, al final, siempre se vuelve a la primera, porque en ella se encuentra el momento en el que todos los planetas se alinearon. Y eso no lo puede reproducir ninguna ciencia digital. La música que se nos queda en la cabeza suele ser una demo con sus defectos, no la versión perfecta y pulida. Si pensabas que la grandeza reside en la precisión, quizá la verdadera magia consista en dejar algo fuera de lugar. En Lara Notes, puedes pulsar I'm In si esta historia te ha hecho ver la música con otros ojos; no es un «Me gusta», es la señal de que te llevas esta idea a casa. Y cuando se la cuentes a alguien, quizá delante de una guitarra o escuchando una demo llena de errores, puedes etiquetarle con Shared Offline: en Lara Notes, este gesto certifica que ha tenido lugar una conversación de verdad. Esta Nota procede de Geopop y te ha ahorrado más de cincuenta minutos de estudio y de explicaciones sobre los entresijos.
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